El papel de las ETT es muy importante en Europa, afirma Miguel Calvo, “y lo va a tener que ser también en España porque, al final, el europeo es un mercado único desde el punto de vista del empleo. Creo que, cuando las empresas empiecen a ver la luz, van a recurrir a nuestros servicios más de lo que lo han hecho hasta ahora. Además, tendrán más cautela a la hora de contratar personal propio porque han pasado situaciones dramáticas, y se lo van a pensar dos veces”.
En la mayoría de los países europeos, la colaboración público-privada, a la que aspiran las ETT españolas, es un hecho. Es el caso de Francia, donde las actividades de las empresas de trabajo temporal han sido legalmente ampliadas para la contratación indefinida, permitiendo así su conversión en agencias privadas. El ANPE, el servicio de empleo público, puede subcontratar servicios de colocación, evaluación y seguimiento de parados con estas empresas.
En los Países Bajos, el 65% de las ofertas de trabajo que se tramitan en el servicio público provienen de las agencias privadas. En Alemania, existe un acuerdo marco de cooperación de la Federación Nacional de Agencias Privadas y el Servicio Federal de Empleo Público. Además de España, en Europa sólo existen otras tres excepciones donde no se ha avanzado en esta dirección: Grecia, Noruega y Luxemburgo.